PAISAJES ONÍRICOS 3

De la Teoría a Los Sueños.

Las teorías abstractas parecen no tener nada que ver con las construcciones del maestro onírico. Sin embargo,  proporcionan una explicación de por qué algunos de mis paisajes oníricos provenientes de mi vida real tienen ciertas características. Esto es, mis paisajes oníricos reflejan de manera práctica cómo las teorías de la psicogeografía, el apego al lugar y la geografía energética tienen una presencia real en mi psique cuando duermo.

Apego al Lugar.

En mi sueños, el apego al lugar, aparece en la forma que mi psique elige espacios por los cuales tengo una preferencia consciente (áreas urbanas, carreteras, y espacios de países ajenos al mío), arraigo (mi ciudad natal y donde estudié mi carrera universitaria) y los espacios de la infancia (el lugar en que mi familia vivió cuando yo era un adolescente).

El tiempo que pasé en un lugar rara vez conlleva una mayor presencia de espacios de ese lugar en mis sueños. Por ejemplo, viví trece años en Perth WA, Australia, y esa ciudad o aquellos espacios que recorrí por años nunca aparecen en mis sueños. De hecho, cuando vivía allí algunos espacios de ‘deriva’ aparecían de vez en cuando pero rara vez.

Psicogeografía.

La deriva de la que habla la psicogeografía es claramente visible en esos sueños míos en los que aparecen repetidamente algunos lugares ‘feos’, ‘no interesantes’, no monumentales o algunos puntos de referencia urbanos. Es como si mi psique estuviera inconscientemente a la deriva con fines oníricos, abriéndose al entorno de forma más inclusiva y menos selectiva que lo hace mi yo consciente.

En mis sueños, el ‘desvío’ o ‘deriva’ están asimismo vinculados al apego inconsciente hacia ciertos espacios que mi psique encuentra reconfortantes, y que marcan la proximidad a mi casa o al trabajo; la glorieta que me dice ‘ya has recorrido medio camino hacia donde vas’, o ‘estas a punto de llegar a tu destino’, la presencia de marquesinas de autobús que me dan tranquilidad por la noche y me protegen de los elementos, etc.

Geografía Espiritual.

Me identifico especialmente con una afirmación que aparece mencionada en el artículo de Korff mencionado anteriormente: «Para muchos pueblos indígenas [la conexión con el espacio] es una conexión visceral; miras más allá de los edificios y de lo concreto y sientes una sensación de pertenencia».  He experimentado momentos de ese tipo con algunos sitios con los que no tengo apego cultural o ancestral, pero que tienen impronta aborigen, por ejemplo Hyde Park en Perth WA, y Uluru en NT Australia. Sin embargo, con la mano en el pecho, no puedo decir que la conexión que siento hacia esos lugares está cargada de la experiencia o sentimiento que los aborígenes del lugar sienten por los mismos, por la simple razón de que no soy indígena y mi cultura no identifica el «yo» con la tierra.

Geografía Energética.

Tengo muchos ejemplos de lugares reales en los que he experimentado una fuerza energética indescriptible que posteriormente han aparecido en mis sueños. El caso más repetido es el depósitos de agua subterráneos monumentales, muy artísticos, que visité en Medio Oriente e India hace muchos años. Éstos han aparecido en algunos sueños importantes míos. Aunque son estructuras subterráneas, y por tanto poseen un simbolismo onírico propio, cuando visité estos lugares tuve una sensación de asombro, experimenté una energía especial que estoy convencida que es la que los trae  a mi mundo onírico. Lo mismo puedo decir de Uluru en Australia, un lugar que es sagrado por los aborígenes pero que yo sólo siento tangiblemente, una ola de energía que afecta a mi cuerpo de una forma tangible, y de Hyde Park WA, que he mencionado arriba.

Sin embargo, no todos los espacios en los que he sentido una fuerte sensación energética en la vida real aparecen en mis sueños. Por ejemplo, la iglesia de Temppeliaukio en Helsinki, la Iglesia de San José en Las Piñas cerca de Manila, la Mezquita de Córdoba, la ciudad de Petra, entre otros. Ninguno de esos sitios han aparecido en mis sueños.

Híbridación.

Debido a mi vida nómada, mis sueños combinan espacios de diferentes ciudades y países en los que he vivido para crear un espacio onírico único. Sin embargo, antes de que mi psique combine esos elementos, se decanta por lugares por los que siento apego, ‘derivo’ y con una intensidad energética concreta. Además, es interesante que ese pastiche cosido posee una dislocación espacio-temporal y mezcla espacios del pasado y del presente (¿también del futuro?) de una manera que es orgánica para mi psique.

El Espacio Onírico como Ciudad Interior.

De acuerdo con los principios junguianos, la casa y sus habitaciones son un reflejo o espejo del Yo. Me pregunto entonces, los lugares que aparecen nuestros sueños ¿corresponden a aspectos del yo de la misma manera que las habitaciones de una casa?  ¿Son nuestros espacios oníricos un reflejo de la forma en que nos relacionamos con el espacio real en el mundo de vigilia? ¿Son un reflejo de cómo nos relacionamos con los vecinos, compañeros, la sociedad y el mundo en general? ¿Reflejan cómo nos relacionamos con el entorno? Me encantaría ver estas preguntas exploradas por investigadores del mundo onírico, junguianos y no junguianos, psicólogos, geógrafos, y artistas.

Conclusión.

Nuestros espacios oníricos no son solo lienzos donde historias aparentemente disparatadas ocurren, o donde arquetipos, imagos o símbolos se mueven. Nuestra pisque construye estos espacios a veces desde cero o mezclando espacios de vida cotidiana por los que paseamos a diario. En el último caso, encapsulan e internalizan energías positivas o negativas capturadas por nuestra psique así como experiencias emocionales importantes para nuestra psique porque impactan directamente su bienestar.

Los espacios de la vida de vigilia que selecciona nuestro psique soñadora varían de persona a persona. La deriva inconsciente, el apego al lugar (consciente e inconsciente), la energía de un lugar y la relación espiritual que tenemos con el mismo son todos factores relevantes. En mi caso, son en su mayoría son lugares de apego inconsciente y conexión energética. Aunque muestran un claro sentido de deriva onírica, ésta siempre está conectada con un apego inconsciente.

Cuando exploramos nuestros lugares de vigilia a través de la lente de nuestros paisajes oníricos, aprendemos a experimentarlos de formas nuevas y frescas. Asimismo tomamos conciencia de la conexión poderosa y real que nuestra psique establece con nuestro entorno; una relación que se retroalimenta, que va de la vigilia al sueño pasando por el pasillo del inconsciente. Los paisajes oníricos no son una construcción caprichosa y sin sentido de nuestra psique. Son la manera como nuestra psique sintoniza con el mundo de vigilia.


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